PILAR SAGARRA: LUZ DE EMOCIONES – JUAN ANTONIO TINTE

De igual forma que nadie puede atrapar el aire entre sus manos, tampoco pude cobijarse la emoción que las cosas producen en regazo alguno. Las sensaciones consideradas presunción a cerca de todos los estados emocionales de los que el humano es capaz, son, precisamente, producciones intangibles, imposibles de forma y raudas como la luz. Solo posibles en espíritu, y, sin embargo, quimérico acicate para correr en su busca y detenerlas en formas concretas.
Pilar Sagarra es pintora de sensaciones, de emociones, de espíritu embaucado por todo cuanto le rodea y desea reflejar en forma de ánimo.
No de realidad. Sino de ánimo hacia el encuentro de la pintura efectuada al unísono, si fuera posible, de la propia sensación en el momento de producirse.

La obra de esta pintora aragonesa, que desde ayer día 2 se expone en la Miró del Palacio de Exposiciones y Congresos, invita a percatarse de lo extraño que llega a ser lo habitual cuando presenta paisajes, a simple vista, sin fábula de asunto y, poco a poco, reparamos en las formas que van componiendo las panorámicas. Sorprendiéndonos, del milagro de haberse producido el más mínimo indicio de vida que ha adquirido forma y Pilar nos recuerda en forma de pintura.

En su pintura, la artista pone de relieve el alma de aquello que plasma para que nuestra atención intente reparar en ello – y repara -. Entonces, reconocemos, a través de aquella espátula que esgrime sobre el lienzo, el ánimo que el artista ha expuesto y a su vez refleja. No descubrimos un
paisaje de campo, un entorno rural o un simple bodegón; hallamos la intensidad del momento en los colores que enciende sin pararse en el límite del motivo. Su pintura es un fluir de materia, ejercicio plástico y color para la creación sin saber dónde empieza uno y termina otro. Como, si de
principio a fin, cada obra fuera una emoción especial, insólita y a un tiempo, agitada y convulsionada por un momento sin parangón alguno.
Siempre, con el cielo cargado de pintura a punto de la tormenta desatada aunque, sobre la tierra y los campos, el sol ilumine con su luz.