PILAR SAGARRA 2009 – 2010 – MARÍA FRAGUAS DE PABLO

Pilar Sagarra presenta esta temporada 2009-2010 sus últimos trabajos que vienen a enriquecer, si cabe, la línea creativa de su pintura. Tras un largo periodo profesional bien conocido tanto en la crítica como entre los “públicos objetivo” cultural, ha decidido profundizar en el misterio del arte actual sumergiéndose en una técnica incipiente que, por su complejidad, ha conseguido producir en ella una serie de percepciones sensitivas que le inducen a trabajar en esa línea donde parece haber encontrado un escenario sin fin de sensibles acentos y cromatismos sorprendentes.

Fiel a su sinceridad creativa, Pilar Sagarra, ha conseguido captar pensamientos y realizarlos cromática y formalmente visibles, convirtiendo algo intangible en un producto significativo en el que brilla el énfasis artístico de la investigadora que, siempre en el machito, no se detiene en
espera de la iluminación divina sino que recoge la realidad diaria y la va elaborando y evaluando, paso a paso, haciéndola coincidir con la materia, implicándola, con el transparente brillo del metacrilato.

Mediante esta técnica a la que fusiona su pintura y el collage, se produce una bidimensionalidad glamourosa, una retórica propia de Pilar Sagarra que, al contrario de Frida Kahlo, sí es “capaz de pintar los sueños”, interpretando oníricamente la materia de un ejercicio de interacción, -obra/tiempo, escenario/espacio – propio de los que están siempre pendientes de la actualidad y la imaginación.
El hoy de Pilar Sagarra está en estos trabajos de estética tan novedosa como rutilante en la que sus espacios interiores (butacas y mesas que siempre miran al exterior, sobre las que habitan floreros, fotos enmarcadas, libros y botellas realizados con tintes calcográficos. Un libro rojo que prefiere la intimidad de los recuerdos. Periódicos, un libro… Ambos parecen esperar su momento estelar. Una de las mesas preparadas para la comida, plagada de cristal, luce un centro de flores alargado con profusión de flores en rojo intenso. Sillas verdes brillando en el arrebol de la espera. Escenas familiares y campestres frente al monte y bajo los árboles. Horizontes brillantes, jardines marcados por la dulce influencia oriental.
También la figura está presente en el buen hacer de Pilar Sagarra: Marcadamente racial y potente en rasgos y actitudes, las figuras traslucen, ya un erotismo encendido, ya la dulzura maternal y, sobre todo, la fuerza arrolladora de la juventud, en coloridos fundamentalmente meridionales.
Fuentes interiores ubicadas en varias ambientes con un fondo de paisajes plurales, plenos de luz, collages y abstracciones, todos imbricados en un mix, muy técnico, colorista y sensorial que sin duda debe influir favorablemente en la realidad artística actual.

María Fraguas de Pablo
Doctora en CC.II por la Universidad Complutense de Madrid
Presidente de la Asociación Cultural Tercer Mileni