COLORES ENCENDIDOS – JUAN ANTONIO TINTE

Localizar y entender el color en su condición transmisora de los valores formales es el principio mediante el cual se hace posible elevar el plano de su cometido, revelándose como área de influencia en función de su punto de expansión.
Esto, que pudiera parecer de gran complejidad queda despejado de incógnitas si para tal consecución se cuenta como escenario con la obra de Pilar Sagarra. Y es que la suya es una obra que se presiente como la consecuencia al respecto, siendo, sin embargo, la causa que propicia tal modo de entender el color.

En efecto, la obra de esta autora se mantiene fecundada en un inmenso y progresivo factor que el color determina, hasta convertirse, cada pieza, en un espacio donde las parcelas cromáticas se nos antojan atmósferas autónomas. Núcleos a través de los cuales el universo de su discurso se organiza bajo la impronta de una estética de personalidad manifiesta en la convergencia de esas diferencias y contrastes sucesivos para señalar.

No sería posible entender la categoría de los asuntos sin esa manera tan personal de tratar la influencia de la luz sobre el color y éste sobre cada aspecto de la obra; pues ello mismo, apunta ser un argumento en sí mismo dentro de la pintura. Los paisajes, los componentes de éste, los interiores o bodegones, quedan impregnados de una intensidad lumínica incidiendo sobre la masa iluminada con enorme pureza. Color que revela un justo y encandilado sentido de la narración sujeta en el hecho de que desde tal cuestión se relaciona. Porque desde la articulación de unas composiciones proporcionadas es posible intuir el latido de lo emocionante, de los colores que son como palabras que se adaptan sugerentes y expresivas a las formas disfrutando de una singular esponjosidad que la mirada agradece y el ánimo disfruta con intensidad.